-Maestro - preguntó un hombre - quiero aprender de tu sabiduría. Me gustaría poder tomar la decisión adecuada en cada momento. ¿Qué debo hacer? ¿Por donde debo empezar?
En lugar de contestar, el sabio le formuló una pregunta:
- De una chimenea salen dos hombres. Uno con la cara tiznada y el otro con la cara limpia, ¿cuál de los dos irá a lavarse?
- Es evidente -dijo el hombre, sin pensarlo demasiado- que se lava la cara el que la tiene sucia.
- ¡En absoluto! –dijo, entonces, el sabio. ¡El que está limpio! Pues, éste, al ver al compañero sucio enfrente de él, se dice: “Ya que está sucio, yo también debo estarlo. Por lo tanto, tengo necesidad de ir a lavarme”. Mientras que el que está sucio, al ver a su compañero limpio, se dice: “Puesto que él está limpio, yo también debo estarlo. Por tanto no es necesario que vaya a lavarme”.
No siempre lo evidente acerca a la actitud adecuada. Ve a casa y piensa.
El hombre se fue y regresó a los quince días. Entonces le dijo al sabio:
- ¡Qué estúpido fui! Tenías razón. El que se lava la cara es el que la tiene limpia.
- En absoluto –contestó el sabio. ¡El que está sucio! Pues éste, al ver sus manos llenas de hollín, se dice:
“¡Estoy sucio! Tengo que ir a lavarme”. Mientras que el que está limpio, al ver sus manos limpias, se dice: “Como no estoy sucio no tengo necesidad de lavarme...”.
La inteligencia y la lógica no siempre pueden darte una evaluación sensata de una situación. Sigue pensando.
El hombre regresó a su casa y pasados quince días volvió:
- ¡Ya sé, maestro! Los dos se lavan la cara. El que tiene la cara limpia, al ver que el otro la tiene sucia, cree que la suya está sucia y se lava; y el que la tiene sucia, al ver que el otro se lava la cara después de verlo, comprende que la tiene sucia y también se la lava.
El sabio hizo una pausa y luego añadió:
-No siempre la analogía y la similitud te servirán para llegar a la evaluación correcta si no es de una manera fortuita.
-No entiendo –dijo, desalentado, el hombre.
El sabio lo miró atentamente y le dijo:
-¿Cómo puede ser que dos hombres bajen por la misma chimenea y uno salga con la cara sucia y el otro con la cara limpia? Los dos, forzosamente, tienen que tener la cara sucia.
Cuando un problema está mal planteado, todas las soluciones son falsas.
Si tuviese que elegir un lugar y un momento, estos serían: la orilla del mar y la puesta de sol.
domingo, 12 de mayo de 2013
domingo, 5 de mayo de 2013
Las formas de decir las cosas....
Una sabia y conocida anécdota árabe dice que en una ocasión, un Sultán soñó que había perdido todos los dientes.
Después de despertar, mandó a llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.
- ¡Qué desgracia, Mi Señor! - exclamó el Adivino - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡¡Fuera de aquí!!! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.
Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
-¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada... ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!
Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
-No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro...
-Recuerda bien, amigo mío- respondió el segundo Adivino -que todo depende de la forma en el decir... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, más la forma conque debe ser comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
Después de despertar, mandó a llamar a un Adivino para que interpretase su sueño.
- ¡Qué desgracia, Mi Señor! - exclamó el Adivino - Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido - ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡¡¡Fuera de aquí!!! Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos.
Más tarde ordenó que le trajesen a otro Adivino y le contó lo que había soñado.
Éste, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
-¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada... ¡El sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes!
Iluminóse el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó le dieran cien monedas de oro.
Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:
-No es posible!, la interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que el primer Adivino. No entiendo porque al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro...
-Recuerda bien, amigo mío- respondió el segundo Adivino -que todo depende de la forma en el decir... uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender el arte de comunicarse.
De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra.
Que la verdad debe ser dicha en cualquier situación, de esto no cabe duda, más la forma conque debe ser comunicada es lo que provoca, en algunos casos, grandes problemas.
La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envolvemos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado.
viernes, 3 de mayo de 2013
Como solucionar la crisis.
Seguramente ya habéis leído estas esta historia, la del Ruso que llega a un pueblecito, y la solución a la crisis, os la cuento:
Un rico Ruso de ruta por España, llega a un pequeño pueblo. Entra en el hotel donde pretende alojarse, pero antes quiere ver las habitaciones para ver si son de su agrado, por lo que pone un billete de 1000€ en el mostrador del recepcionista que le acompaña a ver las habitaciones. El dueño del hotel pensando que el ruso se alojará en el hotel, coge el billete y sale corriendo a pagar las deudas que tiene con el carnicero que le provee. El carnicero con el billete que recibe, corre a pagar su deuda al criador de cerdos, este a su vez se da prisa en pagar lo que debe al proveedor de piensos. El del pienso coge el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con la prostituta a la que hace tiempo que no paga. La prostituta coge el billete y va al hotel donde había ido con sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado. Entrega el billete de 1000€ al dueño del hotel, y liquida sus deudas. En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, coge el billete que había dejado antes, y se va de pueblo. Nadie ha ganado nada, pero todos han saldado sus deudas.
Moraleja: Si el dinero circula se acaba la crisis.
Esta historia ha circulado por email y seguramente estará publicada en algunos blogs. A todas las personas que se la he contado o las que he escuchado comentándola, han estado de acuerdo que sería la solución para combatir la crisis.
Una vez leida la historia, yo os pregunto: Es necesario que llegue “Un Ruso” o cualquier otro con dinero, para solucionar el problema de la deuda que tienen unos con otros?. Pero si pensamos por un instante, la deuda que tienen unos con otros no existe, lo que han hecho es un trueque, pero ellos no se han dado cuenta.
Si pudiéramos juntar a todos ellos y ponerles de acuerdo, podríamos hacerles ver que no es necesario poner los 1000 € para saldar las hipotéticas deudas.
Puesto que si analizamos la historia, lo que los actores de la historia han realizado, es un trueque indirecto a un precio constante por sus servicios.
Un rico Ruso de ruta por España, llega a un pequeño pueblo. Entra en el hotel donde pretende alojarse, pero antes quiere ver las habitaciones para ver si son de su agrado, por lo que pone un billete de 1000€ en el mostrador del recepcionista que le acompaña a ver las habitaciones. El dueño del hotel pensando que el ruso se alojará en el hotel, coge el billete y sale corriendo a pagar las deudas que tiene con el carnicero que le provee. El carnicero con el billete que recibe, corre a pagar su deuda al criador de cerdos, este a su vez se da prisa en pagar lo que debe al proveedor de piensos. El del pienso coge el billete al vuelo y corre a liquidar su deuda con la prostituta a la que hace tiempo que no paga. La prostituta coge el billete y va al hotel donde había ido con sus clientes las últimas veces y que todavía no había pagado. Entrega el billete de 1000€ al dueño del hotel, y liquida sus deudas. En este momento baja el ruso, que acaba de echar un vistazo a las habitaciones, dice que no le convence ninguna, coge el billete que había dejado antes, y se va de pueblo. Nadie ha ganado nada, pero todos han saldado sus deudas.
Moraleja: Si el dinero circula se acaba la crisis.
Esta historia ha circulado por email y seguramente estará publicada en algunos blogs. A todas las personas que se la he contado o las que he escuchado comentándola, han estado de acuerdo que sería la solución para combatir la crisis.
Una vez leida la historia, yo os pregunto: Es necesario que llegue “Un Ruso” o cualquier otro con dinero, para solucionar el problema de la deuda que tienen unos con otros?. Pero si pensamos por un instante, la deuda que tienen unos con otros no existe, lo que han hecho es un trueque, pero ellos no se han dado cuenta.
Si pudiéramos juntar a todos ellos y ponerles de acuerdo, podríamos hacerles ver que no es necesario poner los 1000 € para saldar las hipotéticas deudas.
Puesto que si analizamos la historia, lo que los actores de la historia han realizado, es un trueque indirecto a un precio constante por sus servicios.
Salto en paracaidas
Estupendo salto en paracaidas, disfruté y pienso repetirlo en verano.
Una sensación increible saltar al vacío en caida libre desde 4200 metros y alcanzar 225 Km/h hasta que se abre el paracaidas y despues hacer el molinillo, una pasada.
jueves, 1 de marzo de 2012
Animarse a Volar
ANIMARSE A VOLAR
..Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?
Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...
Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.
Cuento de Jorge Bucay.
..Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
-Pero yo no sé volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente intento –contestó el padre.
El hijo volvió al pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado toda su vida.
Los más pequeños de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está delirando...
-¿Qué vas a buscar volando?
-¿Por qué no te dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién necesita?
Los más lúcidos también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será peligroso?
-¿Por qué no empiezas despacio?
-En todo casa, prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...
Con un gran chichón en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que las alas se desplieguen.
Es como tirarse en un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.
Cuento de Jorge Bucay.
lunes, 6 de febrero de 2012
Que es la felicidad?
Definir el concepto de felicidad es tarea ardua. Seguramente sea una de las definiciones más controvertidas y complicadas. El ser humano ha tendido siempre a perseguir la felicidad como una meta o un fin, como un estado de bienestar ideal y permanente al que llegar, sin embargo, parece ser que la felicidad se compone de pequeños momentos, de detalles vividos en el día a día, y quizá su principal característica sea la futilidad, su capacidad de aparecer y desaparecer de forma constante a lo largo de nuestras vidas.
Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.Por esta razón, y desde un punto de vista psicológico, el estudio del bienestar subjetivo parece preferible al abordaje de la felicidad.
La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesriamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
NO HAY fórmulas milagrosas ni varitas mágicas. Para ser feliz hay que pensar, sentir y actuar de acuerdo a los valores que cada uno considera primordiales. Unos preferirán la ética, otros la religión o otros muchos, el amor.
Decalo para buscar la felicidad:
1 No cambies. No hace falta tratar de transformarse en la persona que nunca se ha sido.
2 Serenidad ante todo. No hay que dejarse desbordar por un revés, aunque parezca que se hunde el mundo.
3 Ojo con los puntos ciegos. A veces, correr un tupido velo demasiadas veces al día puede desembocar en patologías. Las mentiras vitales, como las definía Ibsen, hay que administrarlas con cuentagotas.
4 Vivir el presente. Parece obvio, pero hay quien se pasea por la vida como un zombi.
5 Introducir novedades. Por pequeñas que sean siempre son bien recibidas. "La imaginación y el espíritu contienen posibilidades ilimitadas para hacer la vida más interesante y agradable". Un baño nocturno en el mar, una tarde para uno solo, una pequeña escapada al campo o la ciudad, una cena especial, enseñar a los críos los juegos de la infancia...
6 Permitir las emociones. El dolor, la ira, la tristeza, la soledad o el desánimo son emociones que forman parte de la vida diaria. Cuando se glorifica la infelicidad y uno se recrea en ella, puede parecer que existe una confabulación global contra uno mismo. Hay que encajar el dolor y permitir que fluya para poder ser felices. Sentirlo, para desprenderse de él.
7 Amor. Es un sentimiento que asegura la felicidad cuando es auténtico. No hay estado que genere tanta efervescencia y complicidad.
8 Acción. No es cuestión de calzarse las deportivas y el chándal e ir haciendo "footing" de un lado para otro, pero la actividad es básica para sentirse bien.
9 OPtimismo. Formar un tándem con la frustración es lo más adecuado para minar la salud y las relaciones con los demás.
10 Naturalidad. Fuera corsés y falsas poses. No hay que avergonzarse de uno mismo, que para algo está la autoestima.
Otra de las controversias en torno a este tema es dónde buscar la felicidad, si en acontecimientos externos y materiales o en nuestro interior, en nuestras propias disposiciones internas. Aún hoy es difícil responder a esta cuestión.Por esta razón, y desde un punto de vista psicológico, el estudio del bienestar subjetivo parece preferible al abordaje de la felicidad.
La felicidad, concepto con profundos significados , incluye alegría, pero también otras muchas emociones, algunas de las cuales no son necesriamente positivas (compromiso, lucha, reto, incluso dolor).
No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices.
NO HAY fórmulas milagrosas ni varitas mágicas. Para ser feliz hay que pensar, sentir y actuar de acuerdo a los valores que cada uno considera primordiales. Unos preferirán la ética, otros la religión o otros muchos, el amor.
Decalo para buscar la felicidad:
1 No cambies. No hace falta tratar de transformarse en la persona que nunca se ha sido.
2 Serenidad ante todo. No hay que dejarse desbordar por un revés, aunque parezca que se hunde el mundo.
3 Ojo con los puntos ciegos. A veces, correr un tupido velo demasiadas veces al día puede desembocar en patologías. Las mentiras vitales, como las definía Ibsen, hay que administrarlas con cuentagotas.
4 Vivir el presente. Parece obvio, pero hay quien se pasea por la vida como un zombi.
5 Introducir novedades. Por pequeñas que sean siempre son bien recibidas. "La imaginación y el espíritu contienen posibilidades ilimitadas para hacer la vida más interesante y agradable". Un baño nocturno en el mar, una tarde para uno solo, una pequeña escapada al campo o la ciudad, una cena especial, enseñar a los críos los juegos de la infancia...
6 Permitir las emociones. El dolor, la ira, la tristeza, la soledad o el desánimo son emociones que forman parte de la vida diaria. Cuando se glorifica la infelicidad y uno se recrea en ella, puede parecer que existe una confabulación global contra uno mismo. Hay que encajar el dolor y permitir que fluya para poder ser felices. Sentirlo, para desprenderse de él.
7 Amor. Es un sentimiento que asegura la felicidad cuando es auténtico. No hay estado que genere tanta efervescencia y complicidad.
8 Acción. No es cuestión de calzarse las deportivas y el chándal e ir haciendo "footing" de un lado para otro, pero la actividad es básica para sentirse bien.
9 OPtimismo. Formar un tándem con la frustración es lo más adecuado para minar la salud y las relaciones con los demás.
10 Naturalidad. Fuera corsés y falsas poses. No hay que avergonzarse de uno mismo, que para algo está la autoestima.
lunes, 31 de octubre de 2011
Cuento triste
Había un hombre que pasaba junto a un vivero donde había una serie de plantas y flores. Ese hombre pasaba frecuentemente al lado del vivero y se fijó especialmente en una de las flores, la que más destacaba por esa época.
La flor tenía otras a su alrededor más pequeñitas y por lo tanto no llamaban la atención del hombre.
Un día entra en el vivero y le pregunta al jardinero si le vende la flor en la que se había fijado, una vez llegado a un acuerdo, el hombre se lleva la flor a la que cuida con todo su cariño. Por circunstancias que no vienen al caso, el hombre se tuvo que ir a trabajar a otra ciudad, volvía cada año con su flor a su localidad.
Año tras año, cuando pasaba por el vivero veía a las flores que quedaron allí, que iban creciendo.
Hasta que un año, al pasar por el vivero, algo de una de las flores que había ido viendo crecer, le llamó la atención. La flor en cuestión cuando creció se fue con otro jardinero, seguramente enamorada de él, sabiendo que al final ella sería la que tendría que cuidar del jardinero. Pero ahí estaba ella, no le importaba y lo hacía con cariño, con amor.
El hombre cada vez que volvía a la ciudad, intentaba ver a la flor, aún sabiendo que ya pertenecía a otra persona, aunque quizás no fuese la flor más bonita, ni la más llamativa, el hombre la veía diferente, para él destacaba entre las demás, como destaca la estrella que más brilla en una noche despejada.
Poco a poco se fue enamorando de la flor, cuando se encontraban, la miraba de una forma especial, el corazón le latía con más fuerza cuando estaba a su lado, pensando que ella lo escucharía.
Después de varios años enamorado de la flor, los sentimientos afloraban, cada vez que la veía, tenía una sensación extraña, cuando hablaba con ella se le hacía un nudo en la garganta, hasta que un día el alma, le dio el valor suficiente para contarle sus sentimientos hacia ella. Por supuesto el previamente lo había reflexionado mucho, sabía de los inconvenientes, de los pro y los contras, de que ella pertenecía a otro jardinero, de que él mismo tenía su propia flor, que la propia flor lo rechazara de lleno, que quedase como un idiota, pero el no podía guardar estos sentimientos, se los tenía que contar, le tenía que decir que el amor no tiene dueño. Además él tampoco quería ni que ella dejase de cuidar a su jardinero, ni él mismo descuidar a su propia flor. Tan solo quería compartir ese amor, decirle cuan importante era para él, expresarle todo lo que sentía por ella, que estaría dispuesto a todo por ella….
El amor le nubló la razón, no pensó que quizás ella no quisiera saber nada de esos sentimientos, que se conformaba con su vida actual, que no necesitaba ser amada, ser querida ser extrañada, que su corazón no tenía espacio para recoger ese amor.
El por el contrario sin escucharla, proseguía con su intención de mostrarle su sentimientos, de darle todo su amor, intentando convencer a la flor que tenía amor suficiente, que quería compartirlo con ella, que esperaba muy poco a cambio, comprensión, charla, quien sabe, un poco de amor correspondido, una caricia, un beso escondido….
La flor, que pensaba con la razón y no con el corazón, no accedía, quizás por miedo, por no hacer daño?.
Pero que clase de miedo podía tener?
Que daño podrían hacer?
Que daño pueden hacer un jardinero por cuidar de su flor preferida, y ella por deshacerse de los pétalos marchitos y volver a renacer?
Qué miedo puede tener esa flor?, que el hombre no lo llega a imaginar.
Él está ahí para protegerla de la fuerte lluvia, de la tormenta si la hubiese, el implacable sol, además sus espaldas son fuertes para proteger a la insuperable flor de cualquier otra situación.
Pero pudiera ser otro tipo de miedo.
No obstante por más que el hombre la requería, ella con el corazón frío, no le respondía.
Qué puede significar ese silencio frío, que entumece el corazón del hombre enamorado?.
Ella le decía que responder no, no quería, porque con el no, daño le haría.
Por el contrario si afirmativamente respondía qué ilusiones el hombre se haría?.
Mientras tanto el hombre afligido se encontraba pues posiblemente con sus poemas sin querer a la bella flor presionaba.
Qué dilema más grande, porque si la flor no siente amor y lo dice, el hombre sufre con dolor, y si el amor del hombre es correspondido y la flor lo niega por temor, No será esto mucho peor?.
El hombre sabe que en su alma, hay un suspiro sabe que hay un mar en su cabeza.
Y ese mar está turbulento porque las olas agitadas no te dejan ver el horizonte de peligro exento.
Que quiere la bella flor?, morir lentamente Sin ser feliz como en el poema de Neruda:
Muere lentamente quien evita una pasión
y su remolino de emociones,
emociones que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones.
Muere lentamente quien no es feliz y no
arriesga lo cierto y lo incierto para
ir detrás de un sueño
quien no se permite, ni si quiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos..
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!
Este cuento que al final se ha vuelto poema, podría tener un final feliz, al menos no será porque el hombre no lo intenta, esperando que la flor le corresponda…
La flor tenía otras a su alrededor más pequeñitas y por lo tanto no llamaban la atención del hombre.
Un día entra en el vivero y le pregunta al jardinero si le vende la flor en la que se había fijado, una vez llegado a un acuerdo, el hombre se lleva la flor a la que cuida con todo su cariño. Por circunstancias que no vienen al caso, el hombre se tuvo que ir a trabajar a otra ciudad, volvía cada año con su flor a su localidad.
Año tras año, cuando pasaba por el vivero veía a las flores que quedaron allí, que iban creciendo.
Hasta que un año, al pasar por el vivero, algo de una de las flores que había ido viendo crecer, le llamó la atención. La flor en cuestión cuando creció se fue con otro jardinero, seguramente enamorada de él, sabiendo que al final ella sería la que tendría que cuidar del jardinero. Pero ahí estaba ella, no le importaba y lo hacía con cariño, con amor.
El hombre cada vez que volvía a la ciudad, intentaba ver a la flor, aún sabiendo que ya pertenecía a otra persona, aunque quizás no fuese la flor más bonita, ni la más llamativa, el hombre la veía diferente, para él destacaba entre las demás, como destaca la estrella que más brilla en una noche despejada.
Poco a poco se fue enamorando de la flor, cuando se encontraban, la miraba de una forma especial, el corazón le latía con más fuerza cuando estaba a su lado, pensando que ella lo escucharía.
Después de varios años enamorado de la flor, los sentimientos afloraban, cada vez que la veía, tenía una sensación extraña, cuando hablaba con ella se le hacía un nudo en la garganta, hasta que un día el alma, le dio el valor suficiente para contarle sus sentimientos hacia ella. Por supuesto el previamente lo había reflexionado mucho, sabía de los inconvenientes, de los pro y los contras, de que ella pertenecía a otro jardinero, de que él mismo tenía su propia flor, que la propia flor lo rechazara de lleno, que quedase como un idiota, pero el no podía guardar estos sentimientos, se los tenía que contar, le tenía que decir que el amor no tiene dueño. Además él tampoco quería ni que ella dejase de cuidar a su jardinero, ni él mismo descuidar a su propia flor. Tan solo quería compartir ese amor, decirle cuan importante era para él, expresarle todo lo que sentía por ella, que estaría dispuesto a todo por ella….
El amor le nubló la razón, no pensó que quizás ella no quisiera saber nada de esos sentimientos, que se conformaba con su vida actual, que no necesitaba ser amada, ser querida ser extrañada, que su corazón no tenía espacio para recoger ese amor.
El por el contrario sin escucharla, proseguía con su intención de mostrarle su sentimientos, de darle todo su amor, intentando convencer a la flor que tenía amor suficiente, que quería compartirlo con ella, que esperaba muy poco a cambio, comprensión, charla, quien sabe, un poco de amor correspondido, una caricia, un beso escondido….
La flor, que pensaba con la razón y no con el corazón, no accedía, quizás por miedo, por no hacer daño?.
Pero que clase de miedo podía tener?
Que daño podrían hacer?
Que daño pueden hacer un jardinero por cuidar de su flor preferida, y ella por deshacerse de los pétalos marchitos y volver a renacer?
Qué miedo puede tener esa flor?, que el hombre no lo llega a imaginar.
Él está ahí para protegerla de la fuerte lluvia, de la tormenta si la hubiese, el implacable sol, además sus espaldas son fuertes para proteger a la insuperable flor de cualquier otra situación.
Pero pudiera ser otro tipo de miedo.
No obstante por más que el hombre la requería, ella con el corazón frío, no le respondía.
Qué puede significar ese silencio frío, que entumece el corazón del hombre enamorado?.
Ella le decía que responder no, no quería, porque con el no, daño le haría.
Por el contrario si afirmativamente respondía qué ilusiones el hombre se haría?.
Mientras tanto el hombre afligido se encontraba pues posiblemente con sus poemas sin querer a la bella flor presionaba.
Qué dilema más grande, porque si la flor no siente amor y lo dice, el hombre sufre con dolor, y si el amor del hombre es correspondido y la flor lo niega por temor, No será esto mucho peor?.
El hombre sabe que en su alma, hay un suspiro sabe que hay un mar en su cabeza.
Y ese mar está turbulento porque las olas agitadas no te dejan ver el horizonte de peligro exento.
Que quiere la bella flor?, morir lentamente Sin ser feliz como en el poema de Neruda:
Muere lentamente quien evita una pasión
y su remolino de emociones,
emociones que regresan el brillo a los ojos
y restauran los corazones.
Muere lentamente quien no es feliz y no
arriesga lo cierto y lo incierto para
ir detrás de un sueño
quien no se permite, ni si quiera una vez en su vida,
huir de los consejos sensatos..
¡Vive hoy!
¡Arriesga hoy!
¡Hazlo hoy!
¡No te dejes morir lentamente!
¡NO TE IMPIDAS SER FELIZ!
Este cuento que al final se ha vuelto poema, podría tener un final feliz, al menos no será porque el hombre no lo intenta, esperando que la flor le corresponda…
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